El Antigal - Ariel Petrocelli


En tu viejo brazo se quedó el ayer, rescoldo del alma arisca que se fue, el tiempo en tus manos solas, quedó tendido sobre la luz, sangre reseca en la mañana, llorando siglos a la voz del sol. 

El grito Inca estremeció el dolor, silencio descalzo por tu cuerpo va, las piedras al viento les roban la sal, los grillos duermen la tarde, oro desnudo del cerro atrás, cavó la boca de tu noche, el oscuro acero de tu negra piel, para dormirte entre las soledad. 

Llorando el calor del llanto del indio en su manantial febril, mojando el antigal, lluvia que viene de Dios, antiguo el cansancio y lento su andar, tiene una lanza por el cardón y en sus espinas dejó las manos para la sangre con otro color, y al rayo loco dio su corazón. 

El destino de tu nombre fue final, y la luna aquella ya no alumbra más, la hembra cerró su vientre y por la frente se desangró, y dejó sus huellas hacia el norte, buscó camino para ya morir, y como madre lloró también su mal. 

Ronda por adentro el amo sideral, anda por tus venas desde que se fue, y levanta tus ojos negros, para cubrirte muerte y leal. 

Clavó su pecho en la roca como una herida, sin gritar su voz, se oyó en el cielo hecha una maldición. 

Oh, llorando el calor del llanto del indio en su manantial febril, mojando el antigal, lluvia que viene de Dios, y antiguo el cansancio y lento su andar, tiene una lanza por el cardón y en sus espinas dejó las manos para la sangre con otro color, y al rayo loco dio su corazón.

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