La luz de la luna iluminaba su lugar, aquel nuevo lugar en el mundo, la luna parecía no moverse, atrapada entre los arboles y la reja de la ventana. El, quien en silencio observaba sentía todo tan diferente, su corazón se le salía del pecho como nunca antes.
Todo hasta ese momento había sido un proceso frio, con el único propósito de poner fin a una etapa, de repetir una historia, pero era diferente… Y no es que antes no haya sido importante, es solo que lo había soñado tanto tiempo, pero no sabía cómo se sentía realmente.
Fue al asomarse a la cuna cuando la serenidad de su respiración colmo su audición, la belleza de su madre abrumaba tras dos grandes ojos violetas que miraban curiosa hacia la luna, una luna estática cautiva en su magia, en el lento pasar del tiempo.
Cautivo estaba ahora su corazón, olvidando cosas que mucho tiempo había arrastrado, cautivo de aquella pequeña que tras un bostezo cerro sus orbes liberando el tiempo, liberando por fin su corazón.
El rey se mostraba demasiado molesto por la noticia, su hija le había revelado que no habría unión entre ella y el forastero. Ninguno al parecer estuvo de acuerdo a ese matrimonio arreglado a pesar que se les pidió hacer un esfuerzo, y ahora eso era un secreto que ambos tenían que guardar para evitar estar en boca de todos, como dos personas que eligieron egoístamente y no lo que se considero mejor para su gente.
Lo que no se sabía era el porqué, y se llegó a creer que era algo tan simple como no sentir amor, un sentimiento que se puede forjar cuando uno controla su corazón, pero iba más alla de eso.
Ella quien era considerada perfecta había perdido esa perfección hace tiempo, le quitaron ese fragmento de su propia historia, la volvieron un ser salvaje y constantemente luchaba contra el resentimiento, la culpa, y la duda de no saber si podría volver a sentirse autentica de nuevo. Empezó a desconfiar de ellos agresivamente, mientras que se acercaba mas a ellas, las sentía más honestas, más auténticas, y su refugio fue exactamente ese reflejo de lo que ella alguna vez había sido.
Conservo durante mucho tiempo el listón que ella solía usar en su cuello, un listón blanco, solo que ahora sentía su perfume, y no sabia porque si antes nunca lo había sentido. Quizas era la culpa, quizas al haber visto sus memorias logro por fin conectarse con su corazón, quizas se había enamorado de ella al saber que no era una mujer tan perfecta, al saber que de alguna manera ella no era alguien tan poderosa, tan magnificente y asi su esencia dejo de intimidar su corazón.
Pero nada nunca estuvo claro respecto a ella, y cuando volvió a verla luego varios meses ese dia de lluvia torrencial, las cosas ya habían pasado. Con una sonrisa le devolvió el listón y fue su mirada, la de esos ojos de mujer nuevamente segura, los que sutilmente le dijeron no hablar mas de las cosas que pasaron…
El la invito a bailar, y ella con una risa de felicidad acepto, y aunque la canción le sonaba un poco extraña, pudo seguirla y ambos volvieron a bailar una vez más, el solo un simple aprendiz, y ella… la reina del baile…
La ciudad se
había vuelto oscura, y aunque sus murallas estaban iluminadas por antorchas
incluso durante el día, el gris del cielo opacaba todo posible brillo que
pudiese resultar bello. A la gente le preocupaba demasiada aquella oscuridad
del horizonte, pero nunca se enteraron realmente lo que paso ese día, y cuando
el sol se ocultó, la paz había vuelto a esa tierra.
“Como puede pretender este forastero que
esas cosas dobleguen la magia de siglos y la astucia de guerreros milenarios,
esta demente” dijo la mujer que fue asignada a su lado. Fueron las ultimas
palabras que se escucharon, el estruendo en los cielos asusto a cientos de
miles.
Dragones dijeron, escupían rocas de hierro y fuego, quemaban todo a su
paso, magos y brujas, criaturas de los bosques ácidos, guerreros de la penumbra
y demás ardían por igual, sin tiempo al dolor, desaparecían. Era demasiado para
procesar, demasiado para entender y muchos empezaron a temer.
No tuvieron
tiempo de invocar demonios, de romper la tierra, ni de envenenar inocentes. No hubo
tiempo de siquiera conjurar el fuego de Balkora, ni las maldiciones que hacen a
todos volverse en contra de los suyos, todo había sido reducido a cenizas.
Nadie pudo sentir nunca una presencia viva en los cielos, y esa fue su
perdición.
Las cosas podrían
haber salido muy mal, pero el arte de dar golpes sorpresivos siempre fue su
fuerte, buscar alternativas y no tener miedo de romper tradiciones, de
blasfemar contra los dioses de su gente, ni los de la gente.
Ese día muchos empezaron a sentir una fuerte lealtad hacia el… Pero entre ellos estaba aquella mujer que no permitiría que algo asi volviese
a ocurrir en sus tierras, ni siquiera contra sus enemigos.
Tarde esa noche
se lo llevo, veneno en una bebida fue suficiente, y cuando el antídoto hizo
efecto en la madrugada y vio sus ojos, supo que no podría sacarle la información
que quería, no sin antes engañar su corazón, y su confianza.
No encontraba otro motivo por el cual no confiar en lo que sentía, pero todo le despertaba dudas… Algo irreal… Algo falso…
Había algo en sus ojos, algo que quizas no encontró antes en otra mujer, un cierto misterio, eso le ponía nervioso. Era tan costoso mirarle sin perder la compostura, lo abrumaba y no se sentía bien conforme el tiempo pasaba, era todo cada vez mas frio y temía hacer el ridículo, como si fuese la primera vez, tenia miedo de no ser lo suficientemente hombre para ella.
Su voz entonaba en notas claras versos de su vida, y gustos que se daba últimamente, a sus oídos era casi como música, era tan perfecta en todo sentido que terminaba por dudar de lo que pasaba, quería probar comidas que él conocía, quería ver lugares que él podía llevarla, pero justo en ese momento, al enfocar sus ojos el brillo esmeralda destelló y ella pareció alarmada, temerosa. Cuando el reloj del lugar golpeo marcando la media noche, él entendió que había algo que no estaba bien, e intento tomar su mano, pero apenas pudo notar la suavidad de su piel cuando ella las alejo, y una sonrisa le hizo entender que no era el único.
El silencio vino después, y el sonido de personas yéndose, de mesas corriéndose y la noche haciendose mas pesada.
Fue en el cuarto que noto que los besos no fueron sinceros, que había una presión de no hacer el ridículo, que se sentían obligados por la rutina, y aunque lo deseaban estaba mas que claro que algo estaba muy roto en ellos, ninguno podía concebir que existiese alguien que los hiciese sentir tan cómodos.
Una caricia de sus manos marco su final, el lo vio, impulsado por su curiosidad, vio el rostro de ese hombre, y escucho su llanto, y sentía que dolía, pero que le gustaba, sentía miedo y a la vez excitación, no fue mucho y termino en el piso, ella lo empujo. De su interior broto una confusión total, el sentirse tan sucio al punto de querer arrancarse la piel, una lagrima se escapo y cuando levanto la mirada ella lo golpeo, marcando su rostro, su mirada estaba llena de odio y todo ese horror que sintió ella cargaba dentro se volvió vergüenza, entendió y se sintió demasiado culpable como para observarla nuevamente.
“Nunca, a nadie esto” fue lo que dijo, y lo beso… Y fue el ultimo beso que ella le dio esa noche, y nunca mas lo haría… Desapareció…
Toco a su puerta cada noche siguiente para simplemente poder decirle cuanto lo sentía, pero no pudo encontrarla, la busco mucho tiempo con el dolor en su pecho, y cuando finalmente ella se dejó ver, ya era demasiado tarde…
Ella nunca supo cuanto el lo sentía, y el nunca termino de entender cuanto a ella le dolía… Ambos estaban rotos… Pero por alguna razón, seguían juntos… Solo que ahora todo era mas sincero… Todo era más real…
"We blunder in a moonless night. The light of foresight has been eclipsed... She who bears your fate rides through the woods unseen, blessed by the moon that curses you... I lift the veil of destiny: behold the phantom's face..."